domingo, 10 de agosto de 2014

Vuelan buitres sobre la unidad nacional

La discusión de este último mes estuvo atravesada por la cruzada de unafracción del capital financiero internacional contra el Estado y el pueblo argentino. 
Por unos minutos, el debate que atravesó a millones dejó de ser exclusivamente coyuntural (la inflación, la seguridad o las encuestas sobre las próximas elecciones), para entrar de lleno a la disputa con los fondos buitres. En concreto, al rol y a la capacidad soberana que tiene nuestro Estado para enfrentar el problema de la deuda externa. 

Esta pelea se inscribe en un contexto mundial de multipolaridad, donde lo que está en juego es la capacidad de los Estados Nacionales para regular la economía. 

El capital financiero luego de décadas de auge y de expansión, generó una crisis profunda, que golpea en todo el mundo y no se vislumbra una salida concreta.

A lo largo de estos años se fueron consolidando procesos de integración regional y de fortalecimiento de los Estados Nacionales, que debilitaron objetivamente la capacidad de imposición de este sector del capital. 
Este debilitamiento generó dos fracciones dentro del sistema financiero global, que sin ser necesariamente antagónicas, tienen en el escenario actual distintos intereses:

- La fracción moderada, la cual prefiere reglas claras y previsibles; y busca adecuarse a la nueva realidad mundial, ya que no tiene la misma capacidad de negociación que en la etapa neoliberal. Es la fracción que se sentó en concreto, en el caso argentino, a renegociar la deuda. Sostiene la capacidad de brindar crédito internacional. Expresado en el FMI, Baco Mundial y el Club de París.

- La fracción rapaz, la cual pareciera no importarle patear el tablero del sistema financiero global, quitando todo tipo de previsibilidad a futuras negociaciones. Representantes feroces del mundo unipolar y el viejo imperialismo. Expresada en los fondos buitres.

Estas dos fraccciones fueron un bloque inseparable durante la ofensiva brutal que nuestros países sufrieron en los 90. Donde a través de diversas formas (dos principales: deuda y privatizaciones de las empresas estatales) impusieron las reglas del juego como se les dio la gana.
 

Producto de los últimos años de crisis, ese bloque no tiene la misma fuerza, por lo que se haya dividido, producto de la capacidad de sus diversos sectores de mantener sus niveles de ganancias y de acomodarse a los cimbronazos financieros.


Los BLOQUES REGIONALES frente a la crisis internacional

Es en este marco de disputa que el bloque del BRICS empieza a consolidar una nueva estructura financiera, el Banco de Desarrollo. Sin ninguna duda, esto ayuda a oxigenar a los países del Tercer Mundo y abre excelentes condiciones para desarrollar estrategias regionales autónomas del poder central. 

Lo que es importante poner en discusión es que la única manera de enfrentar a estos sectores del capital es consolidando un bloque regional. Los países de América, por separado, no tienen capacidad de enfrentar y construir respuestas de largo plazo.

Tenemos el desafío y la necesidad de profundizar los mecanismos de integración regional, consolidando una nueva institucionalidad financiera con instrumentos propios, tales como el Banco del Sur, el Fondo del Sur y el Sucre como moneda de cambio común.

Por eso, no es un problema ideológico o diplomático el de la unidad regional, es la única forma de enfrentar exitosamente una corrida cambiaria o el condicionamiento para acceder al crédito internacional. Es también la única forma de subordinar al capital financiero al servicio del desarrollo productivo y la justicia social. 


No hay patria grande sin UNIDAD NACIONAL

La contradicción entre los Estados Nacionales y el Capital Financiero Internacional es donde se expresa hoy la disputa política principal. 

En ese sentido, los Estados nacionales requieren de la conformacion de bloques regionales a nivel mundial, como la única alternativa real para lograr un nivel de fuerza y autonomía que impida que tanto los "señores" como los "buitres" de las finanzas, vengan a imponer las condiciones que les plazcan. 


Ahora bien, avanzar en la unidad regional es imposible si no existe en nuestros países procesos que resuelvan acertadamente el problema de la unidad nacional. 
Al respecto, la disputa actual abre una gran oportunidad para proyectar y desarrollar una nueva política de unidad nacional.


El desafío que se abre es ligar la disputa con el capital financiero al problema del sostenimiento de las condiciones de vida, sin caer fuera de los márgenes de la política posible. El repliegue corporativo es el escenario general sobre el que estamos parados; y la disputa con los fondos buitres pareciera no resolverse en un horizonte inmediato; por lo que va atravesar parte del debate político futuro.

Es innegable que la disputa con este sector del capital, afecta a una diversidad de sectores sociales y económicos, que trascienden la actual dicotomía política. La convocatoria a construir un “qué hacer?”, hace en parte al problema de quien va a dirigir la nueva unidad nacional. 

Los sectores sociales afectados por el capital financiero son diversos y tienen intereses distintos. Por eso el problema de la unidad nacional se resume en última instancia en la capacidad que tiene uno de esos sectores de imponer como mayoritaria su salida y explicitar políticamente la confrontación con los fondos buitres.

No es un dilema ideológico, esta batalla se dirime desde determinadas posiciones de fuerza, incorporando tras de sí, los distintos intereses corporativos-económicos, desde una perspectiva universal. Se trata de poder construir una nueva alianza social y política, como perspectiva de largo plazo.

La alianza social sobre la que se sustento el gobierno, hoy dejo de ser una posibilidad cierta para afrontar los desafíos de los próximos tiempos, sobre todo después del 2015. 
Es que estamos en un momento de crisis, frente al cual la nueva dirección del Estado tiene que definir entre achicar las conquistas de los sectores populares, o bien, fortalecerlo y redistribuir la riqueza.

Frente a este problema, el gobierno kirchnerista, si miramos la proximidad de las elecciones del 2015, quedó a mitad de camino, en una suerte de cuello de botella. Todo pareciera indicar que nadie va a sacar los pies del plato, y que se va construyendo un consenso en torno al advenimiento de un ciclo político más regresivo.

Si así fuera, el debate de la unidad nacional cobrará mayor materialidad en los sectores democráticos, populares y revolucionarios, cuando se consolide una oposición con perspectiva de poder al futuro gobierno. Naturalmente partiremos de una situación más desventajosa que la actual.

Por esto mismo, tenemos que avanzar en un proceso de constitución de un sujeto consciente que se hago cargo de las políticas de un Estado y que distribuya la riqueza frente a escenarios de crisis, y no ya de crecimiento. Donde los sacrificios van a ser necesariamente mayores.